EROS Y PALABRAS by Pura María García

PLACER SIN DISCULPAS

PLEASURE _Mechan

PLEASURE _Mechan

Para escuchar los sonidos que acompañan a las afirmaciones sobre el placer, abre en una pestaña nueva el enlace siguiente:

06 – chico pinheiro – essa canção

El placer se asemeja a una tarde de otoño, cuando la transición hacia el invierno se presiente, se aguarda en el exterior de la premura. Tiene el color que toman los matices intensos que nacen por primera vez aunque no sea cierta su unicidad. Existe en cualquiera de los instantes que habitan la palabra tiempo, recorre la distancia que limita una mente con otra, una piel con la que anhela, una mano y su sombra carnal, deshaciendo espejismos para crear ensoñaciones que no son reales, pero sí sentidas.

Al placer le brotan instantes turbios, también, gotas espesas que a duras penas avanzan sobre la carne del otro, interrogantes que permanecen a escondidas, rezagados en la conciencia para no interrumpirlo o cancelarlo. Toma la forma de un árbol cuyo fruto nos invita al deleite y al deseo, al caminar furtivo sobre la anatomía de un cuerpo y al dejarse sonreír por la humedad que invade los resquicios más hondos, allá donde esconder la voluntad no tiene apenas sentido. Se sabe, se palpa, se puede lamer con la lengua limpia de hipocresía. Existe al encontrarse en el fondo de un espejo; en el sexo del otro; en su caricia intensa; en la imaginación desmedida que se extiende rompiendo los límites de lo supuesto y lo dicho; en la palabra lanzada como un dardo caliente que busca el área emocional, la herida abierta de la carne o el pensamiento, incluso el más fugaz.


Es placer saberse placer que se instala en la mirada profunda de un hombre, reconocerse en alguna de las formas que transforma su anhelo en pasión, su sueño en lujuria, su frenesí en voluntad.

Siento pasión al recordar las manos que ocuparon mi espalda y mis pubis, todas ellas, las que guarda la memoria de la carne, las que me traen tu nombre inconfundible, tu misma identidad, la que sostuvo mi placer más intenso. Gozo al buscarte en mi cuerpo y hallarte, transformado en minúscula huella que se sabe imborrable a pesar de ser, en estos días, tan solo un recuerdo.

El placer me ocupa, asido de la mano de la ternura, del ayer, de las caricias, las tuyas y todas las que recorrieron el océano corporal donde mis aguas adquieren el azul esencial que las desnuda de arena.

Cada uno de nosotros experimenta y es el deseo, el ansia que suscita y la que siente. Es también el deleite que se niega, a él mismo o al otro, conteniendo el instante en que la complacencia se desata y borda con actos el perímetro corporal que se abre a él, enardecido. Se instala en el pensamiento, lo recorre, lo agita con una punzada insistente y repetida que se inicia con un condicional que lucha por ser presente y temblar antes de deshacerse en oleaje. Busca la razón y le recorre los porqués sin recato para abandonarla, más tarde, al arbitrio de la lógica que no vive en ella sino en la emoción primigenia, la más intensa, el pseudónimo de la verdad que abandonamos cuando las ideologías y los preceptos absurdos nos fueron entregados.

El placer es una serpiente enrojecida e invisible que nos repta la consciencia y la piel; los labios, todos; los sentidos, todos; el alma y los recuerdos. Lugar sin rejas ni puertas al que se arriba desde miles de caminos que todavía no han sido dibujados, en el placer se declina el ser y el estar. En él caben todos los nombres, los propios y los comunes; mi memoria; tu primer abrazo; la tarde en la que penetraste mi sexo mirándome a los ojos con una intensidad irreparable; el instante preciso en que mi espalda te marcó la ruta del placer que ensanchaban tus manos; tu lengua y las lenguas que me han construido desde aquel primer indicio de la carne afirmando su necesidad y su constancia; tus manos de piel curtida en el ansia que otras manos tejieron en ella; tu edad, la misma que dilucidó la esencia y la separó de las formas.

El placer que el hoy ha convertido ya  en recuerdo, es un círculo de dimensiones inmensas y precisas donde no habita ninguna disculpa.


“…i el sol es va pondre, i venia la fosca i retirant-se, els dos, al fons de l’espluga balmada, van fruir de l’amor, restant l’un en braços de l’altre.” La Cova de Calipso, versió de L’Odissea que Carles Riba traslladà al català el 1948

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