EROS Y PALABRAS by Pura María García

LAS AGUAS DEL DESEO…

Levantaste la voz para decirlo,

alzaste tu palabra  hasta dejarla

en vilo, incólume,

salvadora y salvada

en el espacio prodigioso

donde pueden pisarse las estrellas…

OTOÑOS Y OTRAS LUCES

Á. González

Cuando ayer tu voz se alzó para buscarme el corazón, halló el fondo de mi piel, ardiente y asombrada.  Iluminaron tus labios el centro del paisaje que encerraba mi deseo hasta que un aire  sin sombras me trajo tus palabras. Las aguas del deseo murmuraron, agitaron su centro y escucharon la danza que le proponían las promesas de tu abrazo. Como un sigiloso atardecer, tus gestos doraron el hambre de ser tuya en ti, de ser en lo que amas, convertida en cristal por el que contemplas el vaivén de la vida. Se incendió mi excitación con cada frase que quedaba suspendida, en completa silueta de puntos y seguido. Al otro lado, esperabas comprenderme los silencios, sentir mi aliento ajustado a tu respirar y a tu deseo. Mientras mi piel se estremecía presintiendo el roce proclamado de tus manos, sonreías sin abandonar el remanso roto de tus sueños.

—Tengo tantos abrazos esperando a tu cuerpo y al crepúsculo…

Pronunciaste cada una de estas sílabas como la última oportunidad de ser acorde resonante en que pudiese escuchar el delirio incipiente que provocas en mis manos. Sentí la punzada benigna del deseo, la sed de tu lengua, negada a la transitoriedad de una sola noche. Tembló mi alma como una caracola extraviada en el océano perennemente azul de la carne. Los besos del invierno, de repente, cayeron evocados sobre el futuro que sin miedo dibujas para que sea más que un escalofrío repentino, más que un temor, más que el color de una tarde, más que el trigo ablandado por el sol insistente y despiadado.

Tu voz se alzó, en forma de palabra, y quise ser un afluente de tus manos. Soñé por un instante el silbo de tu lengua apuntando mi piel y mis caderas. Imaginé el sabor de otoño de tus labios, los colores descendidos por tu espalda, refugiados en el jazmín de mis muslos.

Nada era capaz de contener el deseo que vestía mi pensamiento.

Al otro lado tú, ayer, hace únicamente unas horas, cuando el tiempo corría a nuestro paso y nos decíamos te amo sin separar los labios. Nada era capaz, ayer, hace solo unas horas, de erigir un muro infranqueable que separase tus ojos de los míos, tus sueños de mi voluntad, tu cálida sonrisa de mi amor creciente. Nada era distinto de un nosotros recién escrito en el papel de la existencia que ocupamos.

Sentí la punzada del deseo de tu deseo, de saberme anhelada por tu boca de fuego. Sentí que cabían en mis manos todas las aguas del océano de la carne, con sus peces de plata y sus orillas claras, su arena ardiente y la espuma que quedará suspendida después de entregarnos.

Si deseas escuchar la música que acompaña al texto, abre en una ventana nueva el siguiente enlace: Gymnopedia No 1

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