EROS Y PALABRAS by Pura María García

AYER ACAECIÓ UN OCASO

PÚRPURA CONSTANCIA by PURA MARÍA GARCÍA

Donde ayer crecían crepúsculos rojizos que te regresaban a mí, hoy yacen los besos omitidos, el pecado hecho arcilla blanca y seca, piedras de cal que me enturbian las lágrimas. Hoy tu boca me dice que nada fue cierto antes de este ocaso. Nada cubría mi espalda cuando   sentí la irreal protección de tus palabras.

Los colores de la tarde descendían, púrpuras y azules, rojos rotos, vibrantes naranjas, circulares iridiscencias tomadas de la mano en juego ígneo. Se detuvieron ayer los espasmos con los que el tiempo se manifiesta y late, los calendarios fueron espejos alterados por la luz de nuestras voces. La humedad de los versos nos penetró la boca y, convertida en sexo, nos enjuagó el dolor de otros pasados, de los ayeres muertos como moho en la memoria.

Un te amo llovía, mojándonos los labios, tu tierra era mi hogar ya presentido…

Para alcanzarte el corazón, tejí silencios nunca antes pronunciados, desgarré de mi carne la incerteza, enloquecí mi piel con tus promesas, me dejé navegar en la bahía de nostalgia que traías.

Hoy las sílabas que dejas en otras estrellas apagadas me dicen que nada fue cierto antes de este ocaso.

Mis ojos no advirtieron la sombra de las sombras de la tarde. El veneno de las dudas sembró de árboles resecos el paisaje crepuscular que nos tenía, uno frente a otro, uno con el otro, uno en uno, uno en uno pretendidamente único.

Cada minuto era un es, un te siento, un te busco…Me regalabas cada anochecer el vientre de un poema. Todo era azul, un azul que componías con cristales superpuestos, roces figuradamente dirigidos a mis huellas.

En los sueños, tras la densidad de mis vigilias, sobre las hojas de todos los otoños…allí estaba el verde nuevo de tus ojos, observándome el alma y los silencios.

Acaeció ayer un ocaso inesperado, tu voz ya nunca más fue hálito cierto. La tarde, convertida en palabras como dagas, hirió de muerte el final del firmamento. Las tormentas regresaron sobre el agua de la ausencia de los nombres.

Un ocaso ayer acaeció. Yo supe que el crepúsculo del amor, a veces, parece el último recodo, un falso puerto.


Un comentario el “AYER ACAECIÓ UN OCASO

  1. Javier
    marzo 17, 2010

    Ayer, antes de ayer, siempre termina la luz en un ocaso. ¿Cual de ellos es el más triste?. ¿Cual de ellos se lleva tanto anhelo?. Nadie como el corazón sabe de tanto ocaso, uno tras otro.
    Nadie como el corazón sabe, también, de la luz del alba. De súbito todo lo inunda. Nadie sabe como, de repente todo se ha vuelto luz, de nuevo luz.
    Deja que poco a poco de nuevo te envuelva. Abre poco a poco, poro a poro, tu piel a la luz nueva. Y mientras tanto, recuerda. Y mientras tanto, siente que, antes de un ocaso, todo fué luz, todo fué calor, todo fué verdad. Y que un ocaso nunca se lleva tras de sí el calor que, un día, dibujó burbujas en nuestra mirada, en nuestros labios, en nuestras palabras, ….

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