EROS Y PALABRAS by Pura María García

BIOGRAFÍA

SOY by Pura María García

 

He olvidado qué color tenía la arena de los relojes cuando comenzó mi memoria a capturar recuerdos, a atravesar el magma irrepetible de la vida que empieza.

La mención de mi nombre, abrió una ventana, del azul perdido que recubre las nubes, y la ignorancia se quedó pasmada, arrinconada, apuñalada por la mano asombrosa de la curiosidad creciente.

No recuerdo la tierra que pisó mi sombra cuando era pequeña, un ave que jamás me abandonó por la luz sinuosa.

Sé que se hundieron las narraciones que no estaban escritas más que en las ramas del árbol del azar.

Supe.

Trepé los días.

Descendí al pozo, venido a más, de las semanas.

Llegaron, maltrechos, los instantes perdidos, los que se encadenaron al hoy, miel de las horas que no fueron almíbar sino espacios donde la soledad crecía.

Reí.

La boca se enjuagó de la mentira.

Hablé.

Escribí.

Dibujé, con el lápiz de la idea, la transcripción exacta de la mágica voz de mi alma rota.

Di fruto, con mi vientre, en la inocencia de creer que el árbol de la vida multiplica con sus ramas la utopia.

Un poeta, con su dedo invisible, me señaló la lengua y marcó con un verso el borde de tierra de mi boca.

Hablé.

Pregunté.

Una noche que la luna martilleaba el cielo, oscuro y pobre, respondí el acertijo continuo de una estrella:”¿Qué es lo que camina por el aire, sin reposo, ni piernas, ni zapatos? ¿Qué nombre tiene lo que existe cuando la muerte se muere y nada es sino un todo impredecible?”

Me gané la vida perdiendo algunas cosas, guardando las victorias en el bolsillo sin fondo de una ilusión perdida.

Desde el principio, olvidé que solo tenía un alma y una vida.

Nací como se alumbra lo minúsculo, con tizne del acaso y el ahora.

Doblé mis rodillas.

Alcé, después, mi espalda.

Aprendí a caminar sin mirar de reojo los reojos que a mí se dirigían.

Aprendí a no escuchar al eco del eco, a su mentira.

Estallé en los brazos del otro.

Anudé los vínculos atados desde dentro. Desaté, también, las cuerdas frágiles del amor extinguido y sus secuelas.

Sentí.

Fui nómada de otras pieles, otros ojos, otros caminos, sus atajos, sus recodos.

Olvidé distanciarme del enemigo. Recordé ser la proximidad de quien me amaba.

Pegué los párpados.

Tuve noches de vigilia, días sin color, ni fondo ni trasfondo.

He sido un adelante de carne y de silencio.

Muy lejos, ya, queda lo que fui, ahora que olvidé todo lo que no recuerdo.

Ahora, soy lo que no digo.

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