EROS Y PALABRAS by Pura María García

DIEZ MINUTOS

PICTURE BY MRU

Cada día, tras el predecible sonido del reloj que pende sobre la pared metálica de la sala central, sus manos recogen, apresuradamente, los pequeños objetos que la identifican, las pertenencias absurdas que constituyen su identidad material. Abre el bolso y extrae la moleskine pequeña que desde hace años le acompaña. Toquetea su alianza de oro, la gira, sobre el dedo, balanceándola, mientras respira con profundidad. Piensa que la ausencia y la soledad bien podrían ser aros de metal que nos ahogan.

Las escaleras la contemplan, también cada día, cuando se acerca la hora en que la ciudad se toma una pequeña pausa para acompañar al sol en su punto más álgido. Desciende por ellas tras haberse cubierto con su gabardina blanca. Cruza con su mirada vacía la intersección de las calles que rodean el edificio en que trabaja. Está allí. Le aguarda. Un rincón del parque se extiende impasible. Niños que toman las manos con prisa de adultos que reconocen entre la muchedumbre sin nombre. Ancianos que saben que el tiempo, ahora, danza no para ellos, sino para los que sienten todavía latir con fuerza el corazón restante que les queda. Vehículos, cambiando su posición sobre la extensión sin transeúntes que limitan las aceras. El aire, enrarecido y, sin embargo, aromatizado con ese extraño perfume de una colmena gigantesca ocupada de lado a lado por viajeros sin rumbo. Está allí. El rincón que, cada día, alquila al azar para ser otra. El día le permite un escenario temporal; diez minutos en los que juega a no reconocerse, a no ser ella, a abandonar su inmutable soledad y rasgar, con la voz, el profundo silencio que es el fondo invariable de su existencia.

Toma el bolígrafo. Gira su cuerpo negro para extraer el extremo con el que señala y tacha combinaciones de números que son dianas sobre las que su soledad se romperá, acertando una voz que al otro lado le hará vibrar, por un instante. Desliza la tapa que cubre las teclas de numeración de su teléfono móvil. Marca, sin planificación, una cifra tras otra. Alguien contestará, en el extremo invisible al que se ata su voz. Serán unos segundos en los que preguntará por cualquier nombre. Inevitablemente, el destinatario de su llamada le confirmará un error que ella conoce de antemano.

“Lo siento, he debido marcar alguna cifra que no corresponde al número al que quería llamar”, pronunciará, cada vez que repita esa llamada, cambiando el timbre de su voz y el ritmo de la frase. Esperará que ese alguien con quien habla, tenga un minuto quizás para entablar una pequeña conversación que no conducirá a nada, pero le hará sentirse viva, saberse otra, ganar la absurda partida a la soledad a la que, cada día, sepenteando el vacío de su vida, durante diez eternos minutos, planta cara.

Un comentario el “DIEZ MINUTOS

  1. severianobocanegra
    febrero 25, 2012

    Muy bueno Pura.Asemeja a un buen guión cinematográfico de una secuencia.Describe con perfección minuciosa.Se puede ver as acciones que describes.Frases muy fotográficas.

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