EROS Y PALABRAS by Pura María García

CASI UN DIARIO: 13/09/2012

NOCTURNO by Pura María García

Son pocos los minutos que separan la manecilla del reloj del punto en el que se fijaron cuando dieron las once de esta noche. Empiezo a escribir como no debiera hacerlo, sin estar segura en absoluto del rumbo que tomará el navío silábico de mis palabras, ya en travesía de nacer sobre el mar profundo de lo escrito. No sé qué frase seguirá a esta voz que comienza a declararse, fragmentándose en palabras y pausas, en fila sospechosamente imprevisible. No hay intención tras lo que escribo, en esta noche, más allá de permitir el fluir de las aguas airadas del río sin medida que son los pensamientos, alerta al cruce sin semáforos del tiempo que los limita o los provoca. Es un lienzo en blanco; la pizarra, a veces maldita, donde con tiza blanca se dibuja un paisaje que ni yo misma imagino. Surge la palabra y retoma el camino que, quién sabe cuándo, una vez abandonó cuando caí rendida ante el cansancio o el olvido. O en momentos fugaces en los que la felicidad me ha mirado al rostro, con su insolente intensidad, y me he aferrado a sus brazos, prefiriendo vivir a continuar refugiándome en la cueva bellísima que es siempre la palabra.

No me pregunto un para qué, cuando mis dedos teclean este inofensivo ejército de nombres y adjetivos. No existe un para qué en la escritura, sino más bien un porqué, miles de ellos: porque los demonios que nos poseen el alma, transmutando su soledad gracias al robo de nuestra compañía, deciden afirmarse y no cesan en su voz repetitiva; porque hay noches en que la luna se derrite, como una vela blanquecina, extendiendo su claror hasta más allá del tiempo que sería deseable; porque el refugio en un verso, después de una pirueta de la prófuga soledad, procura un descanso sutil e irrepetible; porque todo cabe en un infinitivo, desechando imperativos y las formas del pasado; porque somos una voz tan líquida cuando nos entregamos el cuerpo que asemejamos frases copulando para tener el mayor de los sentidos.

Esta noche no escribo porque tú lo esperas. Tampoco nadie me encargó coser con un pespunte de letras el tejido nocturno para cubrir, dulce criatura, el cuerpo del día que ahora intenta adormecerse entre las horas que exceden a la tarde. No hay causa ni motivo aparente para dejarme ir, en esta noche, por la senda singular que es un párrafo a punto de emerger entre la llanura estricta de una página en blanco. Lo hago y basta. Es suficiente saberme acompañada por las estrellas rotas de un pensamiento que se viste de sucesión efímera en lo escrito.

Hoy me desperté antes de lo previsto. Desayuné, también antes de la hora previsible. Lo previsto, me dije, al mirar mi silueta reflejada en el espejo del alba ¿Por qué se deja la vida ser forzada a danzar al son de lo previsto cuando es ella gaviota y vuelo que jamás se vaticinan? Una taza de café, corto, muy corto, con el blanco estampado de la espuma que flota sobre el negro profundo. Un cubito de hielo, dejado caer sobre el café. El tiempo, acortándose en su misterio, sucediendo, de modo igual, pero distinto, en cada amanecer. La radio escupiendo ajenas voces que no escucho. Y esa ventana abierta, en un lado de mi cuarto. Y el calor que persiste en recordarme que el verano, como barco encallado en el puerto más próximo, no se irá, todavía, hasta que las hojas comiencen a luchar por liberarse de las ramas de ámbar de los árboles en soledad que salpican paseos, alamedas y caminos.

La carretera, aguardándome, una vez más. Su guiño quilométrico, una curva tras otra, una señal tras otra, el vacío lleno de nada que me separa del llegar a mi destino.

He sonreído al recordarte: tu mano sobre los labios; el pensamiento, presto a expandirse entre el aire de lo dicho; un gesto de tus dedos y la palabra, de nuevo ella, suficiente para sembrar en mi cerebro la semilla inquieta del buscar sin cesar por todos los rincones del concepto.

Señalaba la veleta invisible del invisible tiempo que hoy era un día vestido de palabras.

Ahora empiezo, sin un para qué, esta voz a media voz, la sombra de una confidencia, la esencia en que me reconozco, este inicio sin fin del texto en que se tatúa lo que siento, un fragmento insaciable de un casi diario.

Cae la noche como caen los perdedores en las guerras: vencida por el arma incomprensible del espacio y del tiempo. Me detengo. Busco la pequeña luz que acompaña, en las noches de vigilia, mis incansables pupilas, esas que jamás fui capaz de domesticar para observar sin ver y apartar la mirada del abismo.

Ya es tarde. Ya fue la tarde inmensa.

Ahora, la sábana de estrellas se extiende y aleja, dulcemente, cualquier atisbo de tristeza.   

2 comentarios el “CASI UN DIARIO: 13/09/2012

  1. joanmarti
    septiembre 14, 2012

    En tu bello relato atisbo falta de las SOBRAS; lo pequeño, lo juguetón, el amor de los dos puntitos de luz que se aúpan cerca de tí buscando tan solo la magia de tus caricias..

  2. romanial
    septiembre 14, 2012

    és dels relats espontanis, més poètics i sentits que t’he llegit, és l’energia que conté l’amor…. i es contagia.

    afortunada en un mar d’estels !

    una abraçada

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