EROS Y PALABRAS by Pura María García

PALABRAS, SÍMBOLOS Y LA SILUETA DE LLACH

paraules i simbols

He buscado las letras de las canciones que anotas de Llach. Y leído las vertientes que, en tu opinión tiene eso que se define con muchas dificultades (y que se siente con bastante más facilidad que se conceptualiza) como amor.

No hace mucho he descubierto qué es la poesía o poética. Me gusta más llamarle poética, porque me ayuda a designar esa poesía que transciende el poema y se filtra en la música, la pintura, los momentos (esos que Aute llama “de belleza”) y otros espacios intangibles.

Digo que he descubierto, pero en realidad no es descubrir, uno nunca descubre, todo existe ya, lo que hace, con mucho, es interpretar algo, que ya estaba en su repertorio vivencial o de pensamiento, de una forma distinta, también sin mérito ya que el causante de la interpretación distinta es únicamente el tiempo, que hace que nazca de cada uno de nosotros un yo con matices diferentes, vestido con pequeños cambios, que muda la piel, como los reptiles, con el paso del tiempo y muda, con ella, cómo ve el mundo y la realidad y hasta cómo la siente.

A raíz de dos conferencias y un libro, me he respondido, con respuesta distinta a la que utilizaba hasta ahora, a la pregunta que busca dilucidar qué esconde, o muestra, la poesía para que muchas personas, sin saber muy bien razonar el porqué, encuentren en la poesía belleza, sensaciones, dolor, recuerdos, lucha, denuncia o incluso revolución. He llegado a la conclusión de que no es la palabra, su engarce a otras, o el tema, o la rima, o el juego de unas silabas golpeando el oído interno hasta crear en nuestro interior la semilla de un ritmo que nos es connatural, consustancial, esencial y atemporal. No, no es todo esto que hasta hace poco creía que era la causa de la atracción por el poema.

En la poética está la libertad. El verso describe lo justo para que quien lo lee se evada de la dictadura figurada del texto descriptivo y desate las esposas de la sumisión a la realidad escrita, ya sea imaginada o vivida, por otro. En el verso está el símbolo. En el símbolo la facultad de ser libres para escoger un significado y adherirlo a la metáfora.

Un poema no tiene la vida de un texto. Es latido, fugaz, más breve que la vida, causante de ella, perecedero, y por tanto, dueño de la belleza tentadora y mágica que poseen las cosas que se contemplan con la mirada que sabe de su desaparición más pronto que tarde.

La poética, el verso, libre o esclavo de metrónomo de las silabas finales, no es un lenguaje: es todos los idiomas, son todos los idiomas. Cada uno de nosotros dialoga con el verso en un dialecto distinto de la mima lengua, la del símbolo. Y el símbolo entraña más libertad que la palabra. El símbolo remueve tus entrañas, sin pudor, y en ellas se queda, alojándose por un tiempo que no puede cuantificarse, adherido a un recuerdo al que durante años luchaste para arrinconarlo en la nada de la memoria.

La palabra designa, nombra, ejerce, hace, dibuja y traza. El símbolo te da la libertad de interpretarlo y, haciéndolo, interpretarte, buscarte en una de las máscaras que (también eres)

La poética se desgrana ante los ojos. La palabra se lee y, no es menos cierto, se disfruta con el placer de la belleza hallada y traída desde un otro que ni siquiera nos conoce.

El verso es libertad, un espejo sin cristal, distinto para cada mirada. He descubierto que es por la libertad que destilan los versos por lo que la poética es un alimento invisible que busco, reiteradamente, desde que se extendieron, siendo niña, los versos de Neruda, en sábana de ritmos e imágenes que, sin saber interpretar completamente, me conmovieron el yo más anhelante, el yo rebelde, el yo que me acompaña, junto al yo tirano, el yo ausente, el yo melancólico y el yo temeroso (terribles y ya viejos conocidos que viajan conmigo sin saber la distancia restante al final destino)

patrias de nailon

no me gustan los himnos

ni las banderas

Así vierte poética sobre nuestras miradas Mario Benedetti. Así, de esta manera. Sin acentos ni puntos y seguido, huyendo de los puntos y aparte que dividen en partes irreales el todo de los versos ¿No hay libertad, deseo de no someter a quien lo lee, en los versos de Benedetti? ¿No hay una rebeldía que se te instala en el corazón, en el recuerdo, en las manos o en la boca?

Otras veces

Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

¿No te percibes tú en el otro que lo escribe, en Ángel Gómez o no te desconoces en sus versos? (desconocerse también es algo bello porque implica viajar desde quien eres al que quieres olvidar, al mismo de quien intentas huir)

La poética es juego, el otro lado de lo probado, de lo cierto y declarado, de lo uniforme, de la conclusión universal, de lo científico. Quizás también por eso la poética nos seduce, con mayor o menor intensidad, cuando la desgranamos con los ojos.

Te comentaba en el inicio de este texto que dos conferencias me han hecho reflexionar sobre la poética, pero también lo han hecho sobre lo que tu expresas con frecuencia, ese razonamiento que te lleva, con mucha coherencia a no creer en lo que no puede probarse, en lo no científico, en lo dejado caer sobre nuestra consciencia disfrazado de verdad cuando es, en realidad y hasta que no se demuestre lo contrario, una afirmación que viste a una ocurrencia (dicho está, lo de ocurrencia, sin menosprecio gratuito, pero sí pronunciado desde la boca que se rige por lo que no puede rebatirse. Esas dos conferencias, y un libro bellísimo (ese que me regaló Guillem el día de mi cumpleaños, Siete veces diez, de Maruja Torres) me han hecho reflexionar sobre cómo nos ha manipulado el sistema con lo “acientífico” y como urde mil formas para que no aprehendamos el espíritu científico, la costumbre de la duda y las veredas, llenas sí de dificultades, que nos conducirían a la reflexión crítica y. por tanto, a la posibilidad de nuestra LIBERTAD (¿te das cuenta del porqué de mis reflexiones sobre la poética?)

Pero ese es otro tema que hablaremos cara a cara…

 

Un comentario el “PALABRAS, SÍMBOLOS Y LA SILUETA DE LLACH

  1. ferran petit
    julio 25, 2014

    Malgrat no ér un lector habitual de poesia , m´ha agradat molt aquesta visió de que el vers és molt més lliure, i sentir en Llach, a més a més, sempre és un plaer

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