EROS Y PALABRAS by Pura María García

EL PERDEDOR

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Nace en el vientre de la tirada más errónea de dados impredecibles. Arbitrario, el aire niega su impulso y rehúye su costado para alejarse hacia el horizonte en que él es nadie.

Solloza, masticando su rabia, separando con golpes lanzados al vacío la burla y el insulto que aquellos que habitan en el lado luminoso de nada le profieren. Cada mirada es el veneno que le escupen, única dádiva. Él se levanta, desde el derrumbe que perpetua a su alma asolada. Y cae, con movimientos torpes y alcohólicos que le llevan a su metamorfosis. Ha olvidado su nombre. Lo ha dejado abandonado junto a un perro que yace sobre el cartón gastado en que se ha convertido la noche. Busca, en la carrocería grasienta de los automóviles que flanquean las calles tristes, el reflejo y su imagen, la sombra devuelta por el falso espejo. Ni siquiera se reconoce en la desfiguración incuestionable de su cuerpo.

Se aproxima a la única puerta de la noche que jamás se cierra, apoyando su torpe brazo en la mugrienta madera. Recuerda que ese brazo, esa mano, ha quebrado pómulos engreídos, altivas mandíbulas que le desafiaban en medio de instantes de silbidos y gritos. Empuja, con ella, la hoja desvencijada de madera. Camina por un océano en el que las olas levantadas no son sino azulejos insolentes que se niegan a la simetría.

El pasillo se estrecha, como se ha ido estrechando su vida, como se empequeñecen aún más las cosas que no valen, que insignifican la realidad y la reducen a la posibilidad de percibir únicamente el propio aliento. La voz de ella. Su espalda, aferrada a un hombre de rasgos indefinibles que soba el rastro húmedo que ha dejado en él la boca ausente de la mujer sin esperanza. Espera el instante en que la mujer oscila sobre sus tacones avergonzados y empuja al hombre a la dádiva señalándole el abismo arrugado que separa sus senos. En esa ráfaga en la que el amor es únicamente un simulacro consentido, él busca el borde de la cama, aún tibia. Su cuerpo, tan derrotado como su propia existencia, se deja caer sobre la sábana que un instante antes ha sido el escenario de la compraventa del amor. Se acurruca en la nada y sueña el único sueño que ocupa el alma del perdedor: vivir como si fuera necesario.

Un comentario el “EL PERDEDOR

  1. Ferran Petit lópez
    noviembre 23, 2016

    però que bé que escrius nineta!!

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Esta entrada fue publicada el noviembre 20, 2016 por en erotismo.

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