EROS Y PALABRAS by Pura María García

HISTORIAS DESCARTADAS I

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Fotografía: Pura María García

Estaba allí, tras la mujer joven que oscilaba con movimientos breves acercándose y tomando cierta distancia del mostrador. Le vi cuando la dependienta se inclinó para doblar los extremos del papel con el que parecía intentar hacer el envoltorio de regalo más grandioso de todos los tiempos. O de su tiempo, porque la chica aparentaba no más de una veintena de años.

Yo observaba, con la misma concentración con la que sus dedos se movían dibujando dobleces imaginarias que se convertían, al instante, en pliegues imperfectos que sometían aquel envoltorio a su voluntad. El papel tenía un color indefinido, cercano al color verde del moho. Estaba salpicado de estrellas que aspiraban a ser astros pequeños y dorados, situados sin ningún orden y, según pensé, cubriéndolo con total exceso.

Pensé que se trataba, muy probablemente, del papel sobrante de la navidad que quedaba cuatro meses atrás, pero descarté la idea. Aquel lugar intentaba aparentar un estilo y una modernidad que no encajaba con el hecho de escatimar en el papel de regalo hasta el punto de prolongar la navidad hasta la llegada de la primavera. Mis intuiciones se confirmaron cuando, de un cajón que se abrió en la parte trasera del mostrador, la dependienta extrajo unas tijeras con un filo caprichosamente ondulado y una pieza circular forrada con cinta dorada.  En un acto mecánico, la chica cortó un trozo de cinta, lo manoseó, con el gesto de alisarlo entre sus dedos y terminó, tras unos segundos, sujetando una lazada dorada. El milagro de un gesto, de los gestos, pensé. Con cinta transparente, sujetó el lazo al paquete, adhiriéndolo sobre una de las esquinas del envoltorio, con tanta determinación que era lógico deducir que la elección del vértice no había sido, en absoluto, al azar.

Fue entonces, en el último gesto de la muchacha inclinada, mientras con las manos acariciaba el paquete, despidiéndose de él como haría una madre de su pequeño antes de dejarlo en manos de la educadora de la guardería, cuando lo vi.

Estaba tras ella. Inmóvil. Aislado del resto. Erguido, perfectamente situado, ocupando el espacio central de un lugar que, era evidente, no era privilegiado ni destacado sino, más bien, todo lo contrario. A un lado y al otro estaban aquellos que, con total seguridad, las personas que iban entrando irían tomando con sus manos, girándolos con curiosidad e incluso, como había visto hacer en más de una ocasión, oliéndolos con disimulo para dictar un veredicto antes de decidir si los llevaban con ellos.

Era imposible no fijar mi vista en él, no sentirme atraída por el tono amarillo de su portada, dividida en dos secciones por una franja de color blanquecino que la cruzaba, de lado a lado y servía de paisaje diáfano en el que sobrevolaban, como aves en ordenada bandada, las letras que formaban el título y el autor. Al fondo, como un mar de píxeles ínfimos, inútiles hasta el momento en que fueran percibidos dentro de la totalidad de su conjunto, se encontraba la fotografía difusa de una mujer sin rostro, oculta su expresión por un largo cabello que cubría su cara a causa de un viento cálido y subjetivo que el observador podía imaginar por la dirección de sus ondas.

La uruguaya era el título que descubrían las letras en negrita.

Aislado, sin ningún otro volumen próximo, era aquel libro quien parecía observarme, jugando a la paradoja de intervenir en la realidad modificándola al ser lo observado quien enjuicia a los ojos que lo observan.

Supongo que mi interés por el libro podía apreciarse, aún cuando no me había separado del mostrador y ni siquiera había hecho ademán alguno de alcanzarlo con mi mano para descubrir, en la contraportada, las líneas que sugerirían su argumento. La dependienta, que había dejado de envolver libros con el papel que prorrogaba la navidad, me miró a los ojos y, sin preguntarme, se dirigió a mí con el libro en su mano. Es un libro descartado. No le puedo decir ahora exactamente porqué, pero sí, es un ejemplar descartado. No tenemos otro, pero si quiere busco algún otro título que…

No era necesario. Mis manos, mis ojos, yo diría que incluso mi vida, se inclinaban, desde siempre, hacia aquello que otros descartaban. Sentía un extraño placer en recoger, para mí, lo que las personas que me habían precedido habían preferido abandonar, dejar a un lado, lanzar a la cuneta imaginaria que limita lo válido, lo útil, lo que esconde un propósito. No, no. Está bien así. No importa que esté descartado. Lo quiero. Pronuncié lo quiero sin titubear y fue aquel segundo preciso, efímero, fugaz, pero repleto de certeza el gatillo que disparó mi pensamiento. Pocas veces había dicho lo quiero, te quiero, con aquella convicción con la que en ese momento afirmaba mi voluntad de poseer aquel objeto.  Me pregunté si no sería, precisamente, el hecho de ser un objeto descartado por otros lo que me había impulsado a mostrar una seguridad implacable e inaudita. Me pregunté si la intensidad de los te quiero pronunciados por mis labios a lo largo de los años no había sido causada por mi tendencia irrefrenable hacia lo descartado. Sentí en la garganta una irritación imaginaria, pero punzante, un dolor leve, pero presente, que se iba extendiendo desde mis manos hacia mi pecho. Sentí el ayer, todo de golpe, como una zarpa que iba tomando mi pensamiento y mi cuerpo, avanzando con preguntas que se encadenaban insolentes.

Súbitamente, imagino que como un mecanismo de protección hacia mi misma y el roedor insistente que poblaba mi pensamiento, abrí el libro por una de las páginas iniciales y comencé a leer, evadiéndome de las personas que deambulaban indecisas por las estanterías de la librería y de aquellas que, con seguridad real o ficticia, hacían cola para pagar el ejemplar que habían elegido.

“Nunca dejaba mi correo abierto. Jamás. Era muy, muy, cuidadoso con eso. Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cerebro que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartiesen el torrente sanguíneo. Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener esa coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea”[1].

La punzada en mi garganta fue más intensa. Apenas pude dirigirle la palabra a la dependienta. Me lo llevo, sí. No lo envuelva.

Abandoné la librería, sintiéndome parte de ese conjunto inacabable de objetos descartados.

[1] La uruguaya. Pedro Mayral. Libros del Asteroide

3 comentarios el “HISTORIAS DESCARTADAS I

  1. adrianaser
    septiembre 29, 2018

    Excelente relato.

  2. Pippo Bunorrotri
    septiembre 30, 2018

    👏👏👏👍

  3. romanidemata
    octubre 7, 2018

    els instants que no deixen de ser-ho…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog Stats

  • 123.907 VISITAS

Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

Únete a otros 233 seguidores

MIS ENTRADAS POR MES

EL TIEMPO ES UN VERSO SIN RIMA…

REGISTRADO EN SAFE CREATIVE

LAS CANCIONES QUE TE PROPONGO ESCUCHAR

Copyrighted.com Registered & Protected 
I2XM-RO7T-NSXF-WE3T
A %d blogueros les gusta esto: